Potenciar las relaciones. Relaciones que potencian

Las relaciones que tenemos son una de las cosas más significativas que tenemos en la vida, empezando por la que tenemos con nosotros mismos, con nuestra familia y amigos, con nuestra pareja, con la gente que compartimos un trabajo, una tarea, un hobbie, etc y la relación con la gente que apenas conocemos. ¿Qué tan importante es tener una buena relación con todas estas personas? La respuesta es obvia, muy importante, pero no podríamos hablar de la misma intención de tener una relación buena con un familiar que con un colega del trabajo. Claramente son ámbitos y significaciones distintas. La familia, amigos y pareja son las personas más importantes para uno, le dedicamos tiempo y energía a estas relaciones porque compartimos cuestiones centrales con ellos.

Por otro lado, con las personas de nuestro trabajo, equipo, tarea, etc. No le dedicamos muchas veces tiempo a esa relación porque es estrictamente laboral, profesional o funcional. Mientras sepamos nuestros nombres, no nos molestemos y cada uno cumpla con su tarea es aceptable. Esa parece ser la concepción de mucha gente sobre las relaciones dentro del equipo o del cuerpo técnico.

Es una realidad en del deporte que pasamos muchas horas con estas personas, incluso muchas veces más que con las del grupo primordial (familia, pareja, amigos); entonces ¿deberíamos re pensar la concepción que tenemos sobre estas relaciones? ¿Por qué razón deberíamos hacerlo?

Está claro que si queremos encontrar mejores resultados, mejor ambiente de trabajo, mejor comunicación, más y mejor cooperación debemos darle importancia y atención a estas relaciones.

En primera instancia, debemos tener una relación con el otro para poder potenciar los resultados. En un párrafo del post “la soledad del entrenador” hablaba sobre tener una buena relación con los jugadores para poder diagramar objetivos en común, generar confianza entre ambas partes y aunar fuerzas para conseguirlos. Por lo que pensar en que no debemos tener contacto más allá de dar las órdenes o pedir lo que se necesita va en contra de cualquier posibilidad de incrementar los esfuerzos y por ende los resultados.

Si no tenemos trato, o no generamos una confianza, un diálogo, un intercambio, es decir una relación; las posibilidades entre esas personas se cierran, por lo que perseguir una meta será extremadamente difícil.

Debemos invertir tiempo en estas relaciones de manera de generar un gran número de cosas positivas que nos permitirán luego potenciar nuestras esfuerzos. Hay que abrir las posibilidades mediante nuestras relaciones.

Si hemos logrado hacer esto, al estar inmersos en dichas relaciones, nosotros como entrenadores debemos velar por ser generadores de emociones positivas en los jugadores.

Desde hace ya mucho tiempo llevo siempre una frase conmigo que nunca supe quien era el autor (si el que esté leyendo esto lo sabe, por favor me encantaría saber quien la pronunció) y dice “lo más contagioso de este mundo son las emociones”. ¡Cuanta verdad!

Y es algo que debemos tener presente todos los días que estemos en frente del grupo, por eso insisto que los entrenadores debemos ser generadores de cuestiones positivas, inspiradoras y superadoras. Somos los primeros que vamos a contagiar al resto. Obviamente, algunos días va a ser más fácil hacer esto que otros, pero lo bueno de esto es que también el contagio funciona al revés: si el día no acompaña, busquen en otros emociones positivas y contagiense de ellas, puede ser hablando, viendo, oyendo o pensándolas. Carguense de cosas positivas para poder contagiar a otros. Por eso es importante que si creemos en ello y queremos ser capaces de transmitirlo, debemos poder ver lo positivo en todo momento, en cada experiencia, en la derrota y en la victoria; así estaremos siempre listos para generar emociones que se contagien.

Si el ambiente es positivo y las emociones que buscamos están en el aire, es mucho más sencillo ponerse de acuerdo, trabajar en conjunto, juntar fuerzas y sacar lo mejor de cada uno. Sólo hay que pensar en esto para encontrarle la coherencia: si somos 10 personas trabajando en conjunto y 8 de ellas están motivadas, con sensaciones positivas, de buen humor y esforzándose, ¿Qué creen que va a pasar con las 2 que no lo están? Por supuesto, hay excepciones, pero también ese ambiente del cual podría ser que 2 personas no se contagien de lo que emana el resto, podría atraer a otros miembros nuevos que se sumen a él, haciéndolo más fuerte.

En este marco de relaciones fuertes y emociones positivas, las capacidades se pueden potenciar, ya que no sólo contamos con lo que nosotros proveemos, sino también nos alimentamos de lo que los demás nos comparten, aprendemos el uno del otro y trabajamos en conjunto para cumplir los objetivos. Esta estructura permite superarnos. 

¿Cómo todo esto permite que nos potenciemos? Para llegar a este razonamiento hay que pensar en qué cuestiones harían que alguien no logre una mejora en su rendimiento, en su aprendizaje o en sus relaciones. Existen 3 cuestiones (creo yo) centrales que atentan contra ello, las cuales son: el miedo, los errores o fracasos y la falta de motivación o iniciativa.

El miedo puede nacer de diferentes razones y tener diversos impactos en una persona, pero tiene una cualidad bien conocida: si lo logramos exteriorizar, pierde valor, hace que su tamaño se reduzca. ¿Qué mejor lugar para exteriorizar un miedo que en el seno del equipo formado con buenas relaciones, confianza y positivismo? Muchas veces, el miedo a fallar, a no cumplir con lo que se pretende de uno, a no progresar, entre otros es moneda corriente en los equipos, tratarlos en conjunto hará que su tamaño disminuya, escuchar la palabra de otro sobre el tema nos brindará herramientas valiosas para combatirlo, y contagiarse de emociones positivas nos empujará a intentar superarlo.

Los errores o fracasos y como reaccionamos ante ellos está directamente relacionado con lo anterior, tememos estar en esa situación donde lo que estábamos intentando conseguir se derrumba frente a nosotros. Pero nada es tan dramático si las derrotas se dan en aquellos equipos que poseen un núcleo relacional fuerte; el grupo hace que sus miembros sean mas resilientes gracias a la confianza, la cooperación, el apoyo mutuo y las emociones positivas que han cultivado. Serán capaces de tomar las cuestiones positivas de la experiencia y utilizarlas para generar aprendizajes, por ende se potenciarán gracias a ello.

Por último, la motivación es un tema muy interesante y tiene su punto de partida dentro de cada uno, todos tenemos algo que nos impulsa. Muchas veces existen motivaciones comunes dentro del grupo relacionadas con objetivos, como puede ser un resultado, competir en el mejor nivel posible, mantener una categoría, etc. Pero no siempre todos comparten dicha motivación, e incluso es a veces común que algún miembro o miembros del grupo pierdan no solo el deseo de lograr ese objetivo sino la motivación personal que tuvieron. Aquí vuelve a aparecer el equipo como posible respuesta, si las relaciones son fuertes se puede tratar el tema abiertamente con los jugaores y/o el entrenador para poder recuperar esa motivación o generar una nueva, la cual seguramente se verá influenciada y potenciada por las emociones que contagian los miembros del mismo.

En resumen, dedicarle tiempo a nuestras relaciones con los miembros del equipo y las que se generan entre ellos es de vital importancia para poder generar un gran número de cuestiones que intervendrán directa o indirectamente en el rendimiento y la mejora de dichos integrantes incluyéndonos a nosotros mismos. 

Para ello debemos adoptar el rol de “generadores” de todas estas cuestiones, ser los que contagiamos a los demás. Para terminar les comparto un pequeño extracto del libro “Volver Al Amor” de Marianne Williamson, el cual es bastante conocido por equivocadamente habérsele atribuido a Nelson Mandela como autor del mismo. Y también por ser utilizado en una película muy conocida por todos los amantes del Básquet: “Coach Carter”. En fin, en unos pocos renglones explica la importancia que tiene nuestra presencia y como podemos contagiar a los demás.

“Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta.

Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo? Eres hijo del universo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para poner de manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros,como lo hacen los niños. Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior.

No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.”

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Marcos Emilio (@CoachMeBasket)

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