El rival

El rival en la competencia muchas veces es un tema que puede potenciarnos o corrernos fácilmente de nuestro eje. Apoyado en los post anteriores, nuestra filosofía contempla la idea de que el norte está constituido por nuestro constante e incansable desarrollo, a lo que apuntamos es a ser lo mejor que podamos ser.

En la competencia intrínseca mencionaba que el rival nos permite tomar medida de nuestros progresos y nos da pautas de por dónde encarar nuestros próximos esfuerzos.

Ahora bien, muchas veces se generan cuestiones que hacen que se nuble esta percepción de la competencia y del rival. El problema más grande creo que es sobre dimensionar el resultado de un partido o serie de partidos.

Si el equipo Azul se enfrenta al Rojo y logra superarlo en un juego, ¿qué significa? ¿Alguna vez le dedicamos tiempo a pensar en ello? ¿O dejamos que nuestras emociones gobiernen nuestro juicio o nuestras reacciones?

El peligro de no tener en claro que actitud podremos tomar ante una victoria o una derrota nos deja a la merced de lo que podamos sentir en el momento, que generalmente encuentra su origen en nuestras experiencias pasadas, cultura y valores. Por ejemplo: si yo tuve experiencias positivas cargadas de valores sobre la competencia y el rival en el momento de ganar o perder no hay muchas posibilidades de que sobredimensione la victoria o la derrota ni que genere alguna idea de superioridad o inferioridad sobre el otro. En cambio, si siempre se me enseñó o vi ejemplos en los que me rodeaban que ganar significaba ser mejor que el otro y era lo único que importaba, claramente en la victoria o la derrota nuestras emociones van a estar a flor de piel, cuestión que puede nublar nuestros pensamientos y acciones.

Como decía John Wooden “Siempre intenté tener la misma reacción ante los resultados, lo aprendí de mí Padre, quien decía que los altibajos emocionales afectan el buen juicio.”

Está claro que si aprendimos de una manera vamos a repetir ese método a menos que hagamos una fuerte crítica sobre nuestras actitudes y aprendizajes y mediante eso podamos generar algo nuevo, que se adapte a nuestras creencias actuales y no a las que nos impusieron. El primer paso es la introspección, criticar nuestra historia y nuestros aprendizajes.

Por eso considero importante reflexionar sobre todas estas cuestiones para poder intentar transmitir esto a nuestros jugadores.

¿Cómo sería este proceso de reflexionar sobre el rival? Desde mi experiencia personal puedo decir que ante un resultado negativo (lo que muestre el tablero, no lo que consideremos negativo) lo esencial está en tomar conciencia de las cuestiones a trabajar para superarse, y de reconocer en el otro qué proceso de desarrollo está atravesando y sus fortalezas y debilidades. Esto nos puede servir para sacar una radiografía más precisa de la situación y poder acertar en nuestras conclusiones. Por ejemplo: Si enfrentáramos a mi equipo actual con la selección Argentina muy probablemente salgamos derrotados (perdón muchachos!) pero siguiendo la lógica anterior deberíamos tomar conciencia de las cuestiones positivas que tuvimos (poder correr nuestros sistemas con normalidad por ejemplo) y cuáles a corregir (bloqueo defensivo sería una) luego reconocer en el otro que hace muchas cosas de manera correcta  y que está en un proceso diferente al nuestro.

De obtener un resultado positivo, deberíamos ser capaces de tomar lectura de aquellas cuestiones que se lograron incorporar, consolidar o mejorar en el juego que le permitieron a nuestro equipo resolver los problemas que hubieran tenido antes; también siendo fieles a la idea de desarrollarnos constantemente observar qué cuestiones debemos corregir, reforzar o incorporar para superarnos en la próxima oportunidad. Y realizar el mismo proceso de análisis del rival que mencionaba antes.

Todo este proceso nos posiciona en un lugar sumamente positivo en cuanto a qué relación debemos o deberíamos tener con nuestro rival de turno y evitar un problema bastante común: nos toque ganar o perder es de vital importancia entender que NO nos coloca por debajo ni por encima de nadie. Que un equipo venza o caiga ante otro es pura y exclusivamente circunstancial. Es obvio que si dos equipos se enfrentan en varias ocasiones los partidos nunca tendrán el mismo desarrollo (siempre y cuando ambos o por lo menos uno haga de su desarrollo su mayor preocupación). Por lo que el resultado no nos da ningún derecho a siquiera pensar en que somos superiores o inferiores a nadie.

La única interpretación que, como intentaba mencionar antes, debemos tener es la de reconocer que ambos equipos tienen historias diferentes y están atravesando instancias distintas en su desarrollo.

Una mala costumbre que también nos tiende a sentirnos “arriba” o “abajo” de otro u otros es compararse.

Todos lo hacemos, y muchas veces. Debemos entender en primera instancia que no es una práctica sana; comparar debería ser un acto pura y exclusivamente objetivo, pero sinceramente dudo que alguien pueda hablar objetivamente de sí mismo, en realidad es difícil hablar objetivamente de cualquier cuestión, todo se empapa de nuestras creencias, cultura, historia, experiencias, etc. Debido a esto la conclusión que se extraiga de comparar estará directamente ligada con nuestro nivel de autoestima: “Soy mejor que todos” o “Es mejor que yo, no sirvo para esto”. Cualquiera de las dos afirmaciones es totalmente falsa, porque el otro es otro, no soy yo. No hay dos personas iguales por lo tanto no habrá dos desarrollos iguales, ni equipos iguales, ni objetivos iguales ni nada, somos distintos, ni mejor ni peor que el que se encuentra en frente.

Por otro lado, comparar es perder el tiempo, el otro nos sirve para tomar lectura de nuestras mejoras y de nuestras puntos a desarrollar, a través de competir con él, de que nos ponga a prueba.

Insisto, no malgastemos tiempo comparándonos para sentirnos mejores y alimentar nuestro ego (u ocultar nuestras inseguridades) ni tampoco para sentirnos inferiores y poner trabas a nuestro progreso.

El concepto que tengamos del otro es clave a la hora de formar deportistas respetuosos, centrados, sanos, resilientes  y comprensivos de lo que significa la competencia. En otras palabras, con valores.

Si interpretamos que el otro es un enemigo que tengo que noquear utilizando todos los medios necesarios probablemente generemos en nuestros deportistas infinidad de cosas que atentan contra los valores que pregona la práctica deportiva y su esencia.

Entonces, mi consejo es que la próxima victoria la disfruten por todo lo que se tuvo que mejorar para lograrlo, consiguieron subir un escalón! Y a continuar mirando al frente, en busca de nuevas mejoras!

Si toca una derrota, evalúen que cosas hay que continuar puliendo y recuerden que perder el partido no significa que no haya progreso.

Independientemente del resultado, acércate a tu rival, estrechen su mano y felicítenlo por el momento en el que se encuentra de su desarrollo. Agradezcan que al enfrentarse a él pudieron visualizar todo lo arriba descripto. Y a seguir trabajando!

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Marcos Emilio (@CoachMeBasketball)

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