Competencia Intrínseca

Primero que nada debemos establecer que los proyectos en el deporte, indudablemente contienen indicadores de su progreso, uno de los más poderosos es la competencia y los resultados que la misma arroja.

Es claro que el deporte es competir, esa es su esencia. ¿Pero la competencia siempre está dirigida hacia el otro?  Supongamos en una carrera de 100 metros llanos, los participantes intentarán llegar primero a la meta antes que sus rivales, pero también está el condimento del tiempo en el que se logra el objetivo, dándole una competencia extra con uno mismo, llamémosle competencia intrínseca.

Basta sólo con visualizar o hablar con un atleta de éste tipo de disciplinas en las que no sólo busca ganar la competencia sino romper su propio récord. Incluso puede haber terminado fuera del podio pero irse con cierta satisfacción si logró un mejor tiempo del que había hecho en la clasificación o en otro torneo.

La competencia intrínseca es algo que aparece en todos los deportes de éstas características, pero ¿existe en los deportes de conjunto? La respuesta es: ¡claro que sí! Ahora bien, no es tan clara o tan sencilla de visualizar como en los ejemplos descriptos previamente. Contiene una subjetividad difícil de percibir, de explicar y de tener en claro.

Un ejemplo a tener en cuenta: la selección Argentina de Básquet llegó a disputar la final del campeonato del mundo en 2002 y perdió en la final contra la ex Yugoslavia. Lejos de sentirse frustrados los representantes argentinos estaban extasiados de lo que habían logrado, habían perdido pero habían ganado su competencia intrínseca. Habían logrado algo impensado en ese momento para el Básquet Nacional.

Proceso que continuó con una medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, en dónde el equipo claramente vivió al tope de sus competencias. Y luego en el año 2006, con un nuevo mundial y conservando gran parte del núcleo de los años anteriores, Argentina era claro favorito a quedarse con el título. Luego de una primera ronda brillante y dejando en el camino a Nueva Zelanda y a Turquía en octavos y cuartos de final respectivamente, el choque de semis con España fue de película; el equipo argentino tuvo el último tiro para ganarse el pase a la final y no entró. Luego en el partido por el tercer puesto, Argentina cayó ante Estados Unidos y finalizó en la cuarta posición.

Hubo opiniones controvertidas sobre el desempeño final de la selección, algunos pensaban que el 4to puesto no era algo positivo o simplemente era un premio consuelo. La realidad era que el equipo había competido al máximo de sus posibilidades, se había medido con los mejores del mundo y había dejado bien representado al país, afirmando el gran desarrollo del Básquet nacional y con augurios de un futuro prometedor.

Lo esencial de todo este ejemplo (y muchos otros más que se podrían resaltar) reside en que los títulos y las ubicaciones en los torneos disputados fueron pura y exclusivamente consecuencia de fomentar, practicar y concentrarse en la competencia intrínseca.

La competencia nos sirve de indicador para constatar nuestro progreso y también para ponernos en situaciones en las cuales debamos aprender y vivir al máximo de nuestro potencial. Es simple, si yo juego al tenis y en un partido contra un rival X pierdo 6-0 en tres sets; ese rival me colocó en una situación en la que si yo tengo este abordaje descripto anteriormente, voy a poder aprender y superarme. Entonces trabajando sobre los puntos flojos de mi juego, y elevando mi concentración al volver a enfrentarnos la competencia marcará mi progreso. No necesariamente ganar el juego marcará mi mejora, si ganara un set, o por lo menos exigiera aún más a mi rival ya sería indicador suficiente para saber que estoy en el camino correcto.

Luego de esto, volvería “al laboratorio” para continuar mejorando y superándome constantemente, en algún momento, en la competencia seré el vencedor, pero en realidad a la persona que vencí no fue a la que tengo en frente realmente, sino a mí mismo.

¿Por qué es tan difícil tener este enfoque en el deporte? ¿Sobre todo en el deporte formativo? ¿Por qué insistimos en la búsqueda del resultado sin reflexionar en todo lo que lo rodea?

Deberíamos tener bien claro al momento de involucrarnos en una competencia que utilidad o qué filosofía tendremos sobre la misma. En cualquier ámbito y desde cualquier postura. Entrenadores, jugadores, dirigentes, padres, espectador, etc. de manera de poder aprovecharla al máximo.

Si el enfoque será pura y exclusivamente resultadista las consecuencias, los métodos y el proceso marcarán a los involucrados de cierta manera. Probablemente no habrá reparo sobre el desarrollo, la mirada será extremista (se ganó o se perdió), los métodos serán excluyentes (si tenés talento, si tenés las habilidades necesarias, estás dentro sino te dejamos fuera) y el proceso será estresante, muy sacrificado y la sensación placentera o de realización personal y grupal sólo se vivenciará si se logra el objetivo. Las consecuencias serán blanquinegras como la mirada: o fue una experiencia gratificante porque salimos campeones (por ejemplo) o fue mala, decepcionante o incluso traumatizante porque éramos los favoritos y salimos sextos.

Sin intención de sonar negativo, ésta es la realidad de la competencia en el alto rendimiento, o por lo menos la más corriente. Y, aunque se podría discutir, es aceptable. Pero la misma lógica se traslada a casi todos los rincones del deporte.

Por eso, insisto sobre reflexionar sobre el abordaje de la competencia previamente a comenzar a participar en ella.

Si el enfoque es el que se propone en este texto, entonces la realidad será distinta.

El desarrollo pasará a ser el objetivo central, los métodos entonces no se verán influenciados por el rival o el momento de la competencia sino que se centrarán en mejorar los aspectos más flojos o que más dificultades nos presenta y potenciar las que mejor se nos dan; serán más inclusivos, ya que se contempla el desarrollo también a futuro por lo que se comprende que el presente no es un condicionante definitivo. El proceso será intenso, con sacrificio y entrega, pero motivado por la constante evidencia de progreso, las sensaciones placenteras y la realización individual y grupal será constante y sostenida durante toda la competencia, porque el objetivo es en sí, éste último; y no un resultado de un juego o una ubicación en el torneo.

Ambas corrientes son válidas, y respetables. Obviamente que me encuentro más cómodo en la última descripta, pero lo importante (insisto) es en tener claro el camino a tomar. No “cruzarse de vereda” constantemente, es adoptarla y defenderla. Este es el punto de partida, y como en todos los caminos de la vida hay que saber de donde venimos para entender hacia donde vamos.

Me encantaría leer las reflexiones que puede generar este post, más abajo está la sección de comentarios! Animate!

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Marcos Emilio (@CoachMeBasketball)

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